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Durante los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, Long se atrevió a desafiar al régimen al entablar amistad con Owens. En la clasificación para la disciplina de salto de longitud, Long aconsejó al atleta afroamericano que saltara desde un poco más atrás para no hacer nulo, y cuando este le ganó en la final fue corriendo a abrazarle.
Se especuló mucho sobre las consecuencias que tuvo sobre Long este abrazo. Se dijo que le prohibieron volver a competir y que lo habían destinado al frente ruso, lo que fue desmentido por el propio Long en un artículo publicado en la prensa. Sin embargo, la madre del atleta aseguró que Rudolf Hess, uno de los colaboradores más próximos a Hitler, le dijo que a su hijo no se le ocurriera abrazar a un negro nunca más.
Ambos atletas demostraron una gran deportividad que ha hecho historia, y mantuvieron su amistad tras los Juegos. Owens y Lutz intercambiaron cartas hasta la muerte de este segundo en la Segunda Guerra Mundial.
El deporte había permitido a Long librarse de combatir en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en 1943, ante las sucesivas derrotas del ejército del Reich, fue considerado apto para combatir y lo destinaron a Sicilia, donde se estaba produciendo la operación Husky. Fue declarado desaparecido el 14 de julio de 1943. En la última carta enviada a Owens, Long, temiendo no sobrevivir a la guerra, le pidió a Owens que viajara a Alemania a conocer a su hijo pequeño y le contara la amistad que ambos habían mantenido.

El abrazó histórico

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