Infancia
Para que el niño goce de un adecuado crecimiento y pueda ir adentrándose en el mundo social, es importante que disponga no solo de un entorno amoroso, cálido y cuidador, sino que este pueda proporcionarle límites adecuados y el ambiente idóneo para que pueda sentirse seguro.
Compartir el mayor tiempo posible con nuestros hijos, evitando al máximo los “canguros cibernéticos” (televisión, consolas, tabletas, móviles...), los ayudará a desarrollarse en posteriores etapas.
Adolescencia y juventud
Según distintos estudios de alcance mundial, los adolescentes felices, al alcanzar la edad adulta, gozan de mejor salud física y psíquica.
Unicef señala que el 70% de los trastornos mentales comienzan antes de los 24 años de edad.
Es necesario, por lo tanto, dotar al adolescente de herramientas para que pueda relacionarse de modo autónomo con el mundo exterior, respetando su necesidad de intimidad y ayudándole a fomentar vínculos sanos con amigos.
Ante la omnipresencia de la tecnología, cada vez más apabullante en la vida de todos y más en la vida de los jóvenes, hoy más que nunca es importante reforzar las actividades al aire libre, estimular la lectura y el pensamiento y seguir compartiendo espacios de relación con nuestros adolescentes.
Madurez
Tal vez sea este el periodo más estable del ser humano. El sentido del “sí mismo” se extiende, la persona se convierte en parte activa de la sociedad y el trabajo configura la vida individual.
Ante los apremios de una vida cada vez más apresurada, es imprescindible intentar componer con un mínimo de equilibrio el puzle de nuestras exigencias y deseos. Para conseguirlo, es importantísimo gozar de espacios y tiempo para uno mismo.
Senectud
Es la última etapa en la vida de las personas. Llegados a este punto, es importante afrontar de modo adecuado la jubilación y aprovechar la oportunidad de realizar aquellas actividades o tareas que hemos ido postergando por falta de tiempo. No es la edad en sí misma lo más importante, sino cómo la vivimos.
A tener en cuenta:
•    La crisis personal nos precipita a una fase acelerada de nuestra existencia y se presenta al mismo tiempo que la oportunidad de resolverla.
•    Nos ponen en el centro de nuestro ser, nos obligan a mirarnos, a vivir en nuestro tiempo, a narrar nuestra historia personal.
•    La clave para una adaptación saludable consiste en encontrar nuestras propias capacidades para salir de las dificultades.

Las 4 etapas de la vida

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